Título: Soledad Sevilla [Esperando a Sempere]
Organiza: MACA, Museo de Arte Contemporáneo de Alicante
Comisaria: Rosa Castells
Obras pertenecientes a: la Colección del MACA, a la Colección de Soledad Sevilla, del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) y de la Galería Maisterravalbuena.
Del 20 de febrero al 17 de mayo de 2026
Soledad Sevilla (Valencia, 1944) es una de las figuras esenciales de la abstracción geométrica en España; una artista que ha expandido durante más de cinco décadas, los límites entre pintura, luz y espacio. Su lenguaje riguroso y depurado basado en la pureza de la línea y el color se ordena por medio de simetrías, retículas o tramas investigando sobre el módulo sobre el plano pictórico y sus infinitas variaciones, aunque sus estructuras geométricas no abandonan nunca el territorio de lo poético.
Su trayectoria se inicia a finales de la década de 1960 vinculada al Centro del Cálculo de la Universidad de Madrid, junto a un grupo de artistas en torno al arte y la computadora como Alexanco, Lugán, Barbadillo, Eduardo Sanz, Abel Martín, Yturralde o Elena Asins entre otros, y en el que se encuentra también Eusebio Sempere, un artista referente al que Soledad admira profundamente y con quien mantuvo una intensa amistad. Sevilla participó en los debates y allí estableció sus líneas de trabajo, sentando las bases de sus obras futuras. En esos años 70, Sevilla experimenta la combinatoria de un módulo mientras se ocupa de la transparencia y la vibración, realizando trabajos en metacrilato, papel vegetal y acetato. Sus tramas se expanden desde pequeños formatos a grandes lienzos —a veces planteados como dípticos—, donde el fondo blanco da soporte a un elemento lineal que se repite o transforma con una lógica expansiva y extensible hasta el infinito.
Sevilla pronto se desvincula del uso del ordenador como herramienta plástica y viaja a Boston (EE. UU.), donde reside entre 1980 y 1982. Allí estructura series de dibujos de líneas finas y ligeras que serán fundamentales en el desarrollo posterior de su pintura vibrante. A mediados de los 80, ya en España, realiza dos extensas series de pinturas basadas en la trama de líneas de color teniendo como referencia Las Meninas de Velázquez y la arquitectura de la Alhambra de Granada, donde experimenta con la luz y el espacio. Tras ellas, emprende un giro hacia la naturaleza: sus pinturas se construyen por la acumulación de pinceladas rítmicas que invaden la superficie del cuadro, configurando tramas de hojas como vegetaciones colgantes o de mallas de plástico inspiradas en los secaderos de tabaco de la Vega granadina. En este momento emprende además las grandes instalaciones artísticas poniendo énfasis en el aspecto espacial de su obra, entre lo poético y lo instalativo.
Soledad Sevilla [Esperando a Sempere] es una exposición especial en la trayectoria de la artista: un proyecto que cierra un círculo vital y creativo y que, al mismo tiempo, resulta imprescindible para el MACA, museo cuyos orígenes están íntimamente ligados a la colección del artista alicantino Eusebio Sempere.
Sevilla y Sempere mantienen un interés común por la línea, una práctica rigurosa de la composición y una deriva hacia lo sensitivo, hacia una geometría más blanda y emotiva. Esta afinidad poética con el artista alicantino atraviesa toda la carrera de Sevilla: desde los inicios hasta su producción más reciente, como las series pintadas desde el verano de 2022 concebidas como inspiración y homenaje a su amigo.
Partiendo de las piezas de los años 70 que conservamos en las colecciones del museo, la exposición pone énfasis en la producción más reciente de Soledad Sevilla y reúne las series en las que ha venido trabajando entre 2022 y 2025: Horizontes blancos, Horizontes azules, Agnes Martin o la que da título a esta muestra: Esperando a Sempere, concebida como homenaje al artista alicantino. Son composiciones de gran exigencia formal en las que las líneas paralelas muy próximas entre sí, ocupan toda la superficie del lienzo, en blancos, grises o en color, haciendo vibrar lo visual. Estos lienzos envuelven al espectador e invitan a experimentar la pintura no solo desde la mirada, sino también de forma performativa, desde el cuerpo que comparte el espacio con ella. La contemplación se convierte así, en una experiencia física que desata emociones íntimas. Sevilla consigue evidenciar el espacio total como una unidad y, dentro de él, desplegar una amplia gama de registros y sutiles variaciones. Obras minuciosas e hipnóticas donde el tiempo queda suspendido mientras las miramos. Lo describe perfectamente el propio Sempere: “¿Para qué hablar de pintura si ustedes la están viendo?”.
La geometría, lejos de ser fría o distante, adquiere aquí un carácter íntimo e introspectivo. Artista rigurosa y disciplinada, Sevilla trabaja guiada por la intuición… y encuentra en la luz y la línea, como Sempere, una conmoción sensible, una quietud rigurosa y deliberada. Como ella misma afirma sus tramas son “fondo para el pensamiento y el arte pasa por encima como una especie de reflejo”.







