Juana Francés en su estudio, ca.1958. Foto archivo Juana Francés IAACC Pablo Serrano. Zaragoza

Juana Francés

(Alicante, 1923-Madrid, 1990)

Es una de las artistas más contundentes de la trayectoria plástica española del siglo XX. Miembro fundador del grupo El Paso y la única mujer que formó parte del mismo, fue siempre una creadora de fuerte carácter y extrema sensibilidad pero no siempre reconocida. 

La Colección Juana Francés fue legada a este Museo de Arte Contemporáneo por la artista alicantina. Compuesta por más de un centenar de obras entre dibujos, pinturas, cajas, torres, serigrafías y litografías recorre todas sus etapas creativas: desde las primeras obras figurativas a las deslumbrantes piezas informalistas que dieron paso a sus obras más reconocibles, las “cajas” donde reflexionó sobre la deshumanización del hombre. El equilibrio llegó a través del color en sutiles papeles de fondos submarinos para retomar de nuevo, al final de su vida, el gesto y la materia. 

Tierra y materias

Me interesa la materia como medio, 1955-1963

Tras las obras figurativas de marcado carácter hierático que le sirven de aprendizaje, Juana Francés emprende hacia 1955, una investigación pictórica en torno al informalismo abstracto que le lleva a formar parte del grupo El Paso, de gran importancia y significación en el panorama artístico español de mediados del siglo XX. A ese momento pertenecen estas obras valientes de técnicas mixtas donde el color siena, blanco o negro, regado o goteado, convive con una manifiesta violencia gestual y gran cantidad de materia. Al principio son arenas y tierras de distintos grosores y texturas para poco después, incorporar material de desecho y fragmentos de la naturaleza: objetos encontrados, trozos de ladrillo, cerámica, vidrios, en composiciones más cercanas a los planteamientos dadaístas o al arte povera.

Cajas

¿Somos ya robots o empieza la función?

El Hombre y la Ciudad, 1963-1980

En las últimas pinturas informalistas se adivinan formas humanoides, rostros monstruosos configurados -a modo de collages o ensamblajes-, por una masa pictórica a la que se van incorporando nuevos materiales: anteojos, esferas de reloj, piezas de radio, tuercas, enchufes, bujías, cables, etc… Cabezas que se van encajando en escenarios urbanos, en ventanas o cajas que aprisionan a unos seres con patas o ruedas. Son los rotópedos, protagonistas absolutos de unas obras que crecen en tridimensionalidad para ahogar e incomunicar a estos seres contemporáneos, rehenes del progreso técnico. Títulos irónicos que hablan de la soledad del hombre arrollado por las mismas fuerzas que él ha creado, crítica de una sociedad donde todo está archivado y numerado, donde el hombre está cosificado, profundamente solo en el inmenso griterío del mundo en que vivimos.

Fondos Submarinos y Cometas

Desde el fondo del mar hasta el cielo, 1980-1990

Hacia 1980 Juana Francés abandona la crítica social para adentrarse de nuevo, en los caminos de la abstracción, plasmando de forma sutil los paisajes submarinos y los cometas. Una especie de viaje que sigue el itinerario desde el fondo del mar hasta el cielo, con el círculo y el rectángulo como figuras geométricas reconocibles. Son obras sobre papel en un estallido de color y armonía de movimiento, de tono más lírico y de trascendencia espiritual. 

Nuevos caminos vitales de plenitud y madurez que quedan truncados en 1985 a la muerte de Pablo Serrano, su compañero. Juana vuelve entonces a los lienzos de gran violencia gestual y carga matérica, oscuros y dramáticos espacios siderales donde se refleja el dolor y que se relacionan con las primeras pinturas informalistas de la artista alicantina. 

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