Fotografías de Xavier Ribas y Javier Codesal

Obras de la Colección Fundación Caja Mediterráneo

Michel de Certeau, filósofo francés, en la “Práctica de la vida cotidiana” cuando habla de las “invisibles identidades de lo visible”, hace una propuesta muy a tono para la fotografía.

Él propone que lo que se ve en el paisaje urbano es siempre un indicio de lo que ya ha desaparecido, que lo visible designa a lo que ya no está.

La idea de la fotografía como un mero reflejo de la realidad, ha sido superada en la actualidad por la mayor parte de los artistas que trabajan en este campo. En sus obras reflejan ya no sólo el instante fotografiado, sino situaciones, momentos algunos de un pasado ya no evidente o imágenes que nos indican o sugieren hechos, situaciones, sospechas, incluso estados de ánimo.

Tanto Xavier Ribas con su obra Estructuras invisibles, (2006) como Javier Codesal con El monte perdido, (2003) nos hablan, desde un punto de vista antropológico, sobre la memoria y la ausencia, con un cierto carácter evocador de lo ya perdido.

Xavier Ribas nos traslada a la actualidad para mostrarlos el pasado, lo que hubo en el espacio hoy ocupado por un bosque que oculta el horizonte. Fotografías tomadas en las ruinas mayas de Waka, en Guatemala, nos recuerdan los restos sin excavar de una civilización ya desaparecida. No se ve el monumento que en otro momento estuvo en el lugar. No es necesario. Permanece oculto a la vista del espectador mostrándonos únicamente la apariencia de las cosas, el recuerdo, pero no su significado que tendrá que ser descifrado por los restos, por las huellas de su paso por el territorio.

Cultura y naturaleza, por tanto, van unidas, se solapan, no vemos los restos de la historia pero sabemos que se encuentra en ese lugar, preservada por el paisaje, en este caso, de la selva. Vemos, o más bien imaginamos, sin en realidad ver, una realidad que permanece en la memoria siendo ésta el elemento fundamental de su continuidad.

Javier Codesal recurre a los espacios naturales, al montaje caleidoscópico de fragmentos de paisaje boscoso, en este caso el oscense Monte Perdido, para representar, a través de la naturaleza, su propia vida. El carácter fragmentario no sólo capta el instante, sino también lo que no se ve, lo secreto e invisible. Girando las fotografías, invirtiendo sus ejes horizontal y vertical, nos representa cómo la solidez vertical cae con el tiempo, se desploma y cómo la demarcación de un terreno que el artista identifica como el propio sujeto nos muestra la nostalgia por la pérdida de las personas ya ausentes. Temas como la ausencia, la desaparición y la muerte están presentes en la obra de este artista oscense.

Todas las fotografías pertenecen a la Colección Fundación Caja Mediterráneo que se encuentra depositada en el MACA, Museo de Arte Contemporáneo de Alicante, por un período de cinco años, gracias al convenio suscrito por la Fundación y el Ayuntamiento de Alicante.

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