Hacia 1980 Juana Francés abandona la crítica social para adentrarse de nuevo, en los caminos de la abstracción, plasmando de forma sutil los paisajes submarinos y los cometas. Una especie de viaje que sigue el itinerario desde el fondo del mar hasta el cielo, con el círculo y el rectángulo como figuras geométricas reconocibles. Son obras sobre papel en un estallido de color y armonía de movimiento, de tono más lírico y de trascendencia espiritual. Nuevos caminos vitales de plenitud y madurez que quedan truncados en 1985 a la muerte de Pablo Serrano, su compañero. Juana vuelve entonces a los lienzos de gran violencia gestual y carga matérica, oscuros y dramáticos espacios siderales donde se refleja el dolor y que se relacionan con las primeras pinturas informalistas de la artista alicantina.